CEMSE presenta diagnóstico “SITUACIÓN DE LA VIOLENCIA EN LAS COMUNIDADES EDUCATIVAS”

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CEMSE, con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación para el Desarrollo, ha realizado un diagnóstico sobre la situación de violencia en 20 unidades educativas fiscales de La Paz, El Alto y Pucarani, entre octubre y noviembre de 2015.

El diagnóstico aborda las percepciones que los actores de la educación tienen en relación a la situación de violencia en el entorno escolar y las experiencias de violencia vividas.

Los datos nos permiten observar que la mayoría de las y los estudiantes, docentes, directivos, madres y padres de familia reconocen que existe violencia física, psicológica en las unidades educativas y en muy poca proporción reconocen la presencia de la violencia sexual. En cuanto a su intensidad, la mayoría de estudiantes (29%) señalan que la violencia psicológica es leve; sin embargo no habría que perder de vista al 18% y 12% que la consideran grave y muy grave respectivamente. En cuanto al ejercicio de la violencia física, la mayoría de estudiantes la perciben como leve, pero un 19% manifiesta su gravedad. En el caso de las agresiones sexuales, si bien la mayoría señala que no existe, es importante observar el 15% que la considera muy grave y el otro 15% que decide no responder la pregunta; estos datos pueden ser sintomáticos de la existencia real de este tipo de agresiones, pero que no se reconocen de forma explícita por la connotación de gravedad que revisten.

 

Así también, para conocer el clima de violencia que se vive en las unidades educativas, se ha considerado pertinente indagar sobre las formas y frecuencia de los castigos frente a actos de indisciplina del estudiantado.

Sobre aquellos que tienen connotaciones violentas, como el castigo físico, amenazas, insultos y ofensas, la mayoría de maestras/os señala que nunca se producen en las unidades educativas; sin embargo, no habría que perder de vista los altos porcentajes de docentes que deciden abstenerse de contestar esta pregunta (No Sabe o No Responde = NR) y el 16% de docentes que reconoce que el castigo físico está presente en las unidades educativas, aunque se produzca rara vez.

 

Para conocer quiénes son los actores de comunidades educativas que con mayor frecuencia incurren en acciones violentas, las y los estudiantes identificaron a los maestros varones como los principales actores, seguidos por las maestras y en tercer lugar regentes y regentas.

Sobre la violencia entre pares, la mayoría del estudiantado niega su existencia, sin embargo, un 4% asegura haber sufrido de forma habitual chantajes, insultos y amenazas; agresiones físicas y aislamiento o exclusión por parte de sus compañeros. En los casos de acoso cibernético, por orientación sexual o insinuaciones sexuales, los porcentajes de estudiantes que declaran haberlos sufrido habitualmente son muy bajos y no superan el 2% en cada caso. Las agresiones por orientación sexual fueron las más negadas, sin embargo, cuando se preguntó sobre los motivos que originan que los estudiantes se agredan entre ellos, un elevado porcentaje indicó que la orientación sexual es el motivo más frecuente para que aquello ocurra, luego está el hecho de ser mujer y en tercer lugar el origen étnico.

En cuanto a los lugares donde se producen los hechos de violencia, los estudiantes en su mayoría señalan que es fuera de la unidad educativa, identificando también el patio, los baños y las aulas.

Los momentos en los que se producen los hechos de violencia, según la mayoría de los estudiantados son a la salida de clases, el recreo y aquellos en los que no se encuentra presente una persona mayor.

 

En cuanto a las condiciones para la atención y prevención de la violencia en las comunidades educativas, se puedo evidenciar que las unidades educativas hacen todo lo posible por responder a las denuncias de casos de violencia con las normativas e instancias con las que cuentan, como los reglamentos internos, las comisiones disciplinarias y su articulación con instancias externas como las Defensorías de la Niñez y Adolescencia y las Direcciones Distritales de Educación; pero en realidad ninguna cuenta con las condiciones para emprender las tareas de detección, seguimiento, atención y derivación de casos de violencia, de acuerdo a las disposiciones del Código Niña Niño Adolescente y del mismo Ministerio de Educación.

En cuanto al tema de género, en la familia se puede observar que los roles de género, así como el trato diferenciado entre hijos e hijas está muy marcado por estereotipos tradicionales, que le asignan a la mujer; por ejemplo, las tareas domésticas, mientras que los varones se encargan de la administración del dinero; denotando relaciones de desigualdad. En cambio, en las unidades educativas, al parecer existe cierto esfuerzo por lograr relaciones más igualitarias entre estudiantes mujeres y estudiantes varones, así como entre maestras y maestros.

En relación a las expectativas de las y los estudiantes sobre el matrimonio, se percibe sobre todo que las mujeres tienen ciertos reparos sobre la vida en pareja, en muchos casos por haber vivido o presenciado violencia de género y en otros porque tienen en mente el modelo de un marido protector, dominador y celoso, aspectos que no desean se repita en sus casos, así una estudiante señala: “Yo quiero ser madre soltera, no me gustan los hombres porque se creen superiores se creen los dueños del mundo, algunos aunque tú no quieras o le pongas un límite, no entienden, por eso mejor sola”.

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